Testimonio – Qué se siente ser Barney

30 Sep

Desde niño sabía que Barney era un hombre disfrazado y quería saber como le hacía para mover la boca, ya lo descubrí ! les comparto el siguiente articulo que me encontré en la web:

David Joyner fue Barney desde 1992 hasta el 2001.

“La voz del dinosaurio la hace otra persona. Sin embargo, cada vez que Barney abre la boca yo estaba adentro moviendo la cabeza unos 120 grados de forma vertical (la boca del muñeco animado está conectada por medio de unos alambres a la cabeza). Así que teníamos que aprender a sincronizarnos perfectamente para que pareciera como si el muñeco fuera el que hablaba”

Estaba manejando de camino al casting para ser Barney, angustiado porque cada vez que ponía el video de este programa —el cual debía ver para poder saber cómo actuar— me dormía. La intranquilidad se había manifestado en mi subconsciente y la noche anterior había soñado que ese dinosaurio morado se había desmayado y que yo debía darle respiración boca a boca para resucitarlo. Iba por la autopista, pensaba mientras conducía, y de repente vi una valla que decía: “Inyéctale vida a tus vacaciones”, y ahí entendí que lo que yo tenía que hacer en esa audición era inyectarle vida a Barney. Nunca había actuado con un disfraz, tampoco lo había visto como una opción, pero en alguna ocasión un cazatalentos me vio interactuar con niños, en una academia donde trabajaba, y me pidió los datos. Por esos días yo estaba trabajando en Texas Instruments, ejerciendo mi carrera de ingeniero electrónico. Llevaba más o menos seis años, pero sabía que era hora de hacer algo en la industria del entretenimiento, que es mi verdadera pasión. Inicialmente quedé como suplente de Barney, pero la mujer que tenía el papel protagónico no se sintió cómoda actuando frente a grandes audiencias, así que me quedó a mí el puesto. Tuve un entrenamiento inicial, pues me tenía que adaptar a usar el disfraz de dinosaurio, que es de una sola pieza: pesa 32 kilos y mide un poco más de dos metros. Un programa de niños requiere además de mucho entusiasmo y movimiento, tuve que entender las dimensiones del disfraz (teniendo en cuenta la cola) y aprender a ubicarme en los espacios con solo mirarlos rápidamente. La visión dentro del disfraz es limitada porque solo se ve por la boca así que es importante saber dónde están las cosas ubicadas en el set para poder cogerlas sin hacer estragos. Toca aprender a caminar con las piernas arqueadas porque si no el disfraz te quema la entrepierna. El calor que se siente es impresionante, a veces llega a los 48 grados. El sudor empieza a caer sobre los ojos y como las manos están adentro de las mangas que son las manos de Barney es imposible quitárselo. Toca entonces aprender a seguir actuando con los ojos llenos de sudor y además tener el estado físico para seguir con toda la energía que se requiere para animar a los niños. Me acuerdo que en mi carro, en pleno verano de Texas, prendía la calefacción para poder acostumbrarme. La voz del dinosaurio la hace otra persona. Sin embargo, cada vez que Barney abre la boca yo estaba adentro moviendo la cabeza unos 120 grados de forma vertical (la boca del muñeco animado está conectada por medio de unos alambres a la cabeza). Así que teníamos que aprender a sincronizarnos perfectamente para que pareciera como si el muñeco fuera el que hablaba. Incluso, en algunas ocasiones el idioma que se hablaba era español o alemán y a mí me tocaba improvisar la modulación. Ser Barney no es fácil, nadie se imagina todo el trabajo detrás de ese dinosaurio morado. Pero vale la pena después de ver las caras de los niños y toda la esperanza que él le da a mucha gente. Creo que es una bendición en disfraz. En muchas ocasiones fui a hospitales a visitar a niños con enfermedades terminales, y verles la cara de felicidad justificaba mi papel. Una vez, en México, un niño que tenía un tumor en la cabeza, que hacía que esta fuera tres veces el tamaño normal, levantó la cara, a pesar de que eso suponía un gran esfuerzo para él, solo para decir “I love you, Barney”, y estiró los brazos para que yo lo abrazara. Ese día lloré dentro del disfraz. Hay mucha gente que me pregunta si me canso de oír la canción I love you, pero la verdad es que nadie se llega a imaginar todos los corazones que tocamos con esta melodía. Nunca me cansé de ser Barney y nunca me estresaron los niños. Para mí siempre ha sido un orgullo. Fue el primer show de niños que tuvo como target a niños de dos años en adelante. Nos convertimos en una gran familia. Por razones de confidencialidad no digo cuánto me pagaban. Irónicamente dejé el show porque quería buscar una oportunidad que implicara actuación sin disfraz, pero la vida me ha puesto una vez más el reto de seguir siendo actor de este tipo. Hoy soy Hip Hop Harry y sigo siendo muy feliz.

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